Donald Trump declaró emergencia nacional para frenar la propagación del coronavirus en Estados Unidos, lo que en la práctica le permite movilizar más recursos públicos para estados y municipios, según han avanzado fuentes de la Administración a diferentes medios locales.

El presidente anunció la medida la tarde de este viernes en una rueda de prensa desde los jardines de la Casa Blanca, en plena escalada de la pandemia en todo el mundo y con la vida de los estadounidenses completamente alterada: un gran número de colegios y universidades cerrados, competiciones deportivas suspendidas, actividades culturales canceladas y millones de personas trabajando desde casa.

La medida permitirá utilizar unos 50.000 millones de dólares disponibles en el fondo especial para desastres, deja en manos de la Agencia Federal de Gestión de Emergencia (FEMA, en las siglas en inglés) la coordinación de la respuesta a la crisis y amplía los poderes del secretario de Salud, Alex Azar.

Para Trump, este paso es un nuevo punto de inflexión tras el veto a los viajes desde Europa y después de semanas tratando de restar gravedad a la amenaza que supone esta pandemia. La Administración estadounidense tomó las primeras medidas con rapidez, ante la expansión del coronavirus en Asia y Europa, pero Trump se ha mostrado muy errático en su discurso, frivolizando incluso con el problema. Este miércoles, durante su solemne mensaje a la nación, llegó a provocar una enorme confusión con errores de bulto, como cuando aseguró que el veto de los viajes también afectaría al transporte.

La declaración de emergencia por motivos de salud es una medida excepcional que en los últimos 60 años solo se ha aplicado dos veces debido a un brote infeccioso: lo hizo el presidente Bill Clinton en Nueva York y en Nueva Jersey en el año 2000 a raíz del virus del Nilo Occidental, según datos de Bloomberg, que avanzó la noticia.

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