NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

Esta mañana cuando todavía la luz del día no aparece en nuestros cielos, tiene un tinte muy diferente a otras de similar amanecer. Las nubes del miedo operan a nivel mundial. Los trágicos acontecimientos de una enfermedad viral, nos dan cuenta de las trágicas muertes de las personas víctimas inocentes del contagio. Partió en China y se propagó a todos los continentes de la Tierra.

Chile, por supuesto no es una excepción a los males que afectan a las demás naciones. Nuestra ubicación geográfica en el mapa mundial, se convierte en una fortaleza de la naturaleza. Los contagios no viajan con la misma rapidez con que llega al Asia, África y Europa.

No es de extrañar que esta pandemia surja en momentos críticos para la globalización del mercado. Un capitalismo en crisis nos da para pensar de un gran salvavidas a este modelo unipolar que ha dejado grandes montañas de muertos, mutilados y familia destruidas, a lo largo de toda su existencia. Países que fueron invadidos por el enorme poder de la ambición de apropiarse de sus recursos naturales; al imperio del capital no le importaba la vida y sumirlos en la miseria más absoluta. Total, epidemias y pandemias, han existido desde siempre. En esta misma línea, para nuestra mala suerte, siempre han existido grandes catástrofes naturales como fue la de Toba de Sumatra hace más de 70.000 años, arrojando a la atmósfera 2.800 kilómetros (cúbicos) de ceniza. Según algunos científicos, esto equivale a seis años de invierno nuclear del planeta.

Solamente para nutrir la presente columna, mencionemos algunas de las bacterias causantes de una bastedad de muertes. Así tenemos a Yersinia pestis, la Plaga de Justiniano, la Peste Negra. En cualquier parte del mundo, donde reina el hambre, la gente tiene su sistema inmunológico debilitado, no importa su edad, quedando expuestos a la vulnerabilidad y presa fácil de cualquier virus.

Nuestro continente conocido como el Nuevo Mundo, también sufrió el dolor de la mortalidad de estas enfermedades. Los portadores de la colonización europea provocaron el mayor desastre demográfico a las poblaciones indígenas. No era sólo cuestión de guerras. Sino también de hambrunas y enfermedades mortales que lograron reducir la población autóctona a su expresión más cerca de la extinción humana. Según varias estimaciones de los expertos en estas materias demográficas, se llegó a superar el 90% de mortandades. Se destaca el mortífero virus de la “Viruela”.

En el siglo XVIII, el índice de natalidad fue espectacular. Este último siglo, se podía sumar por lejos lo que en cuatro siglos se había aumentado. En la Europa del siglo XVIII sigue en nivel ascendente. La población superaba ya los mil millones. Sin embargo, la aparición del “Cólera” haría estragos en Europa. Aquí aparece, John Snow. Conocido como el padre de la epidemiología. De este modo, tenemos que los índices de mortalidad infantil descendieron rápidamente, mientras que la esperanzas de vida aumentaron.

Vamos ahora al siglo XX. La primera Guerra Mundial, murieron más de dieciséis millones de personas, entre civiles y militares. La Segunda Guerra Mundial por sobre los cincuenta y cinco millones. En este período ocurrió la pandemia “Gripe Española”, que dejó al final de la Gran Guerra, del orden de veinte y cuarenta millones de muertos. Según los historiadores esta pandemia fue tan letal, se piensa que murieron más norteamericanos que en la misma guerra.

Sin embargo, el siglo XX, a pesar de estos grandes horrores humanos mencionados anteriormente, encontramos dos situaciones que no se puedes pasar por alto: 1) Los índices de mortalidad siguieron disminuyendo. 2) Los índices de natalidad fueron decreciendo de manera acelerada. Según los especialistas de la ONU “Cuánto mayor es el nivel de logros educacionales de la mujer, menos hijos es probable que tenga”.

La vida de la humanidad en el primer cuarto del siglo XXI, entra en la etapa de los índices de mortalidad en decadencia, a la vez, paralelamente con índices de natalidad en descenso. De todas maneras, gira un mundo, según comentan los medios de información, súper poblado, más 7.500 millones de habitantes. Lo cual, no quiere decir que existan seres humanos que sobran y que no valen nada. Por el contrario en la superficie del planeta caben muchos más y puede alimentar perfectamente a unos 10.000 millones de seres humanos, de acuerdo a la mayoría de los demógrafos. Entonces, me pregunto ¿Dónde está el problema? Tomando como base que existen aproximadamente unos 1.000 millones de habitantes subalimentados y otros 2.000 millones en la pobreza.

Es muy evidente el envejecimiento de la ´población mundial. Lo que ocurre en Chile, es una muestra más de este fenómeno del siglo XXI. Aunque, hay que tener presente algunos factores que se contrastan en la evolución generacional. Con todo respeto, no ahondaré en estas cuestiones más técnicas. Pero es bueno mencionarlas. Pues, ahora estamos viviendo en torno a la gripe del “CoronaVirus”. Nos llega con todo el rigor de la muerte, especialmente a la población llamada de “alto riesgo”. Es decir, nosotros los “viejos” de la tercera edad y quienes tengan enfermedades crónicas.

Me da vueltas en la cabeza. La pandemia del Sida mató a 25 millones de personas, desde su aparición en 1983. Una pandemia que sigue cobrando vidas. Pero, epidemias, enfermedades y pandemias, aparte del Sida, Vaca Loca, Gripe Aviar, Gripe A (H1N1), seguirán estando presente en nuestro mundo. Los laboratorios científicos no dejarán de seguir experimentando. Las instituciones privadas, públicas y los poderes que intervienen en este negocio de salvar vidas, tendrán que jugar su propio rol para evitar caer en pánico planetario y en otras crisis sociales. Los riesgos de contraer esta enfermedad del Coronavirus, forma parte de nuestra supervivencia humana. Eso sí, siempre es mejor prevenir que después lamentar. Chilenos, chilenas, y amigos inmigrantes que la psicosis de la pandemia del “CoronaVirus” no nos mate el alma humana. Sigamos adelante con nuestros sueños y esperanzas…Más allá de las cuarentenas, cierre de aeropuertos, clausuras de espectáculos, etcétera.