NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

El diagnóstico y la enfermedad del “coronavirus”, viaja de país en país, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, urbano o rural. Las personas poco a poco han tomado conciencia de la gravedad del Covid-19, que en definitiva sacude a la humanidad como muñecos de trapos. Por esa misma senda, los países tampoco son los mismos. Chile es uno más en Sudamérica que ve aumentar día a día el contagio. Las máximas autoridades del sector salud y el Gobierno intentan poner atajo a la propagación del coronavirus. Con seguridad, creo que hacen lo mismo, todas las autoridades comunales. En el caso de Iquique, el Alcalde Mauricio Soria, ha estado encabezando esta campaña con políticas de apoyo a la ciudadanía con acertadas medidas.

No contar con una vacuna en contra el Covid-19, da mucho para especular cuando se pone en peligro nuestro ecosistema. Toda vez, que la ciencia y la tecnología han conseguido los más grandes avances en los diversos campos de la vida humana. Han transformado el mundo y lo convierten en una aldea. El capitalismo contemporáneo ha sacado el máximo de rentabilidad a esta revolución tecnológica, incluso hasta llegar a la clonación de animales y de la fecundación “in vitro”. Entonces, la pregunta que nace del corazón y de la razón ¿Porqué no existe en pleno siglo XXI la vacuna anti Covid-19?

Responder a esta pregunta, creo que se debe analizar el modelo desarrollo imperante actualmente en el mundo. Aquí no se trata de discursos y tampoco de culpar a las izquierdas y/o estigmatizar a la derechas. Una enfermedad de la magnitud del coronavirus no es asunto simplemente fisiológico, corresponde a un conjunto de factores que parten de las realidades y perspectivas: políticas, económicas, culturales y sociales. Hay que tener en cuenta la historia de nuestras sociedades, de las ciencias y su interconexión con la medicina.

Al respecto, existe un hilo conductor que une los actuales acontecimientos y que tienen tres consecuencias: 1) Muerte principalmente de las personas de la tercera edad y aquellas con enfermedades crónicas. 2) Ajustes del modelo económico en crisis a nivel global. Los países desarrollados, sean del orden que sean, de libre mercado y/o de social de mercado, nos llevan la delantera en la sostenibilidad de las viejas estructuras del neocapitalismo. En pocas palabras, viviremos una gran recesión económica mundial. 3) Nuevo control sobre las libertades individuales y control del trabajo. Por el momento, podemos mirar que las movilizaciones sociales, también fueron postergadas.

Estamos en presencia de una recesión económica. De acuerdo a esta premisa cada país y sus correspondientes Estados, enfrentaran con menor a mayor grado de recursos esta grave dinámica social. Insisto, es muy grave la cuarentena mundial y paralización de la economía. Al respecto, los países como Nueva Zelanda, nos dan un buen ejemplo a seguir. Sinceramente, sin dudas será más que difícil para los países emergentes y donde existe una gran concentración económica y de profundas desigualdades sociales. Con todo, al final de la epidemia, veremos que será la misma ciudadanía quién pagará los platos rotos del coronavirus, especialmente, si tomamos en cuenta que en Chile vivimos en el extremo del modelo neocapitalista.

Dando vuelta la hoja, veamos lo que dice la gente en la calle. “Que se saquen dineros de las AFP”, ya que esta “platas” son de su propiedad. Mientras, tengamos presente, en esta pasadita del Covid-19, se han perdido cientos y cientos de millones de pesos en cada que uno de los fondos, creados supuestamente para tener más dinero al momento de jubilarse. Solamente, tenemos la convicción de que estos dineros fueron robados de la manera más legal y amparada por las normas de nuestra actual Constitución. Agreguemos, también, los dineros de los Fondos de Cesantía (AFC). No se necesitan mayores argumentaciones para recurrir de inmediato a ellos, en el afán de sostener la empleabilidad de país y no tener una cesantía de dos dígitos. El “bono del coronavirus” de $ 50.000 que estaría dando, es al sector más vulnerable del país e insuficiente. De esto podemos sacar más pifias que aplausos.

Concluyamos. Los trabajadores pueden recurrir y hacer uso de los dineros que están en ambos fondos: El de las AFP’s y el de la AFC. Pero todo es cuestión de voluntad política. ¿Dónde están realmente estos dineros y que impide utilizarlos en momentos de catástrofe? ¡Qué cuesta disponer de unos cuántos millones de estos capitales!

Por supuesto que se aplauden las medidas que apoyan a la PYMES. Pero también hay que acudir en ayuda de las medianas empresas. Esta iniciativa imaginaria, también podría hacerse extensiva a la gran empresa solamente sí está en riesgo de quiebra. Tomando todas los resguardos necesarios para evitar abusos. Se trata de que el país no entre al fondo de la recesión, porque, los daños serán peores que el mismo coronavirus.

La acción política debe ser más audaz, eficiente y eficaz. Las medidas no pueden ser simbólicas y para mejorar una imagen pública crítica. Primeramente, hay que frenar todos los abusos, vengan de donde vengan. Al respecto, al margen del Dictamen de la Dirección Nacional del Trabajo N° 1239, (Directora Subrogante) se interpreta de alguna manera parcial que los empleadores en uso de sus facultades no paguen las remuneraciones y/o años de servicios de los trabajadores acogiéndose al Art. 45 del Código Civil de “fuerza mayor o en caso fortuito”. Amigos/as, estas cuestiones finalmente las ve un Juez del Trabajo y punto. Por ejemplo, a esta norma se contrapone el nuevo Artículo 5° del Código del Trabajo, que sostiene “El ejercicio de las facultades que la ley le reconoce al empleador tiene como límite el respeto a las garantías constitucionales de los trabajadores”. Veamos el segundo párrafo del mismo Artículo 5°. “Los contratos individuales y los instrumentos colectivos de trabajo podrán, ser modificados, por mutuo consentimiento…”.

Finalmente, en este trance, las facultades de cualquier empleador, a pesar de una primera lectura a su favor, todavía tienen un largo camino por recorrer, ya que un despido en virtud de una determinada causal, debe fundarse debidamente, de lo contrario, pasarse de “listo”, mayor será su sorpresa de tener un fallo judicial en contra y por finiquito de una mayor cuantía. Los trabajadores como sea, tienen derecho a pataleos y recurrir a los Tribunales del Trabajo.

De todas maneras, me parece que si una autoridad impone medidas sanitarias a nivel nacional, ello implica por añadidura que tiene derecho para suspender cualquier despido, relacionado directamente con sus medidas. A la vez autorizar el despido en casos de excepción debidamente comprobado. Esta facultad será mientras dure la Pandemia. Hay que hacer con urgencia la ley corta acerca de la protección del empleo y de salvaguardar las remuneraciones en tiempos de crisis.